La memoria de mi madre

Con sus pesados 86 años, que los siente en su cuerpo delgado y frágil, no pierde su humor, su dulzura, su candor, asociado a su asombrosa mente ágil, lucida, coherente y sobre todo a su memoria prodigiosa, que con algo de envidia la observo en algunos de mis hermanos.

Todos los días entre sucesos cotidianos, trae al presente algunas de sus historias de vida, del pasado lejano aun presente.

Creo, más bien aseguro, que su memoria viene de su pasión por la lectura. Recuerdoque estando niña, mi madre solía esperar los viernes, tarde – noche, a una señora de baja estatura, caminar lento, con su cabello ya casi blanco, pero entusiasta y orgullosa de empujar un carrito de madera con ruedas chuecas, cargado de libros que viajaban por todo el barrio de puerta en puerta, que ofrecía a los vecinos para que se deleitaran con su lectura de forma gratuita; era mi madre una de las asiduas clientas de aquella librería ambulante. No era un solo libro, sino dos o tres los que mi madre dejaba cada semana y así, de semana en semana realizaba su intercambio de entrega y recibo en aquel carrito chueco y su alegre conductora.

Recuerdo que después de su paciente y ardua jornada de cuidar un esposo y seis hijos, ordenar la casa, cocinar, asistir a las entregas de notas, jugar con los pequeños, lidiar con los más grandes, llorar por una migraña…leía. Leía en la calma de la noche, era su espacio, su descanso, su deleite, no sé cuántas horas pasaba ensimismada en la lectura de los dos o tres libros que permanecían en su mesa de noche.

Tom Sawyer

Nos enseñó a leer antes que fuéramos al colegio, en una cartilla que hizo su recorrido de un hermano a otro como la más preciada herencia. Y fue cuando aprendí a leer que llego a mis manos un tesoro maravilloso, un regalo de Navidad de mis padres, era con una pasta dura de fondo rosa y un dibujo hermoso de su protagonista, con letras grandes y unas ilustraciones que coadyudaban a transportarse a los lugares y las narraciones que se describían perfectamente para mí, era mi primer libro, era mío; no sé cuántas veces lo leí y lo he releído, pero jamás lo recuerdo  como lo recordaba mi madre para contarlo y recontarlo a mis hermanos pequeños con su grandiosa memoria de prodigio.

Hoy ya no tiene la luz en sus ojos, solo unos cocuyos que la acompañan y que se resisten a dejarla en las tinieblas, ya no puede gozar de su pasión de leer, pero le queda su caja de recuerdos que le permiten con los más minuciosos detalles narrar sus historias una y otra vez, con nombres, fechas, lugares, años, días y hasta horas, todo por su memoria prodigiosa.

Fue ella quien conservó los recortes de prensa que dieron a conocer la noticia trágica del asesinato, es ella y su memoria prodigiosa, la que traen a la mía, una historia que tengo perdida por mi dolor a recordar.

Memorias que cuentan como tuvo que dejar su sueño de ser una economista porque su padre falto muy temprano y a cambio fue a trabajar hilando medias cuando aún no contaba con la mayoría de edad, pero que también por su inteligencia y tenacidad sobresalió como deportista y con su figura estilizada y su belleza física e interior, se enamoró, bailó y disfrutó su juventud.

Su memoria trae las vidas de mujeres abnegadas, sumisas, maltratadas, pero también mujeres como ella, inteligentes, hábiles, capaces de mantener una economía de hogar en equilibrio, sin carencias vitales a pesar que su esposo fuera explotado trabajando largas jornadas, memorias de injusticia que nunca quiso vivieran sus hijos, por eso nos enseñó a leer, sumar, restar, bailar, cantar, jugar. Pero su memoria le hace una mala jugada y también trae esos recuerdos dolorosos, también fue víctima al perder sus dos hermanos asesinados por la injusticia, la miseria de una sociedad intolerante.

La memoria de mi madre trae a mí los momentos más tristes del homicidio de Alberto León, mi esposo, el otro hijo que se ganó, según su sentir y sus palabras, a manos de los enemigos del progreso, el pensar diferente, defensor de los derechos vitales de las gentes. Fue ella quien conservó los recortes de prensa que dieron a conocer la noticia trágica del asesinato, es ella y su memoria prodigiosa, la que traen a la mía, una historia que tengo perdida por mi dolor a recordar. Pero también es la memoria de mi madre la que me ayuda a sanar, con sus relatos de vida que permanecen intactos en el tiempo, pareciera que su vida la tuviese toda en su memoria, sin mancha, sin alteración, sin pasado, aun aquí viva, presente.

…Como quisiera tener la memoria prodigiosa de mi madre.

Galería fotográfica de Alberto León

Yomaira

Autora: María Yomaira Agudelo Gómez

Nacida en Medellin, Antioquia, Contadora Pública y especialista en Políticas y Legislación Tributaria, ambos títulos otorgados por la Universidad de Medellín.

Su pasión por la lectura y la escritura la llevó a tomar cursos para nuevos escritores.

Víctima del conflicto armado por homicidio en la persona de su esposo y del desplazamiento intraurbano, hechos que la llevaron a narrar sus memorias y que en ese camino la juntaron con otras mujeres igualmente víctimas y con las que comparte su misma pasión por escribir, mujeres que como ella escriben como contribución al avance de la anhelada paz, a que se conozca la verdad y principalmente a la no repetición de estos hechos nefastos en Colombia.

La memoria de mi madre

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