El ocaso del arcoíris

Yo estaba alistándome para dormir, coloqué el café con leche en la mesa, me metí en el chinchorro, porque a esa hora los zancudos salen como los vampiros en busca de la sangre fresca. Me eche una sábana que había perdido su blancura por el paso de los años y del uso y desuso, tomé la taza y me disponía a dar un sorbo largo..

Toc, toc toc,

Sonaron tres golpes en la puerta, entre apresurados y temerosos, suspiré, e intenté tomar aire, respirar y no maldecir,

¿Por qué a esta hora? ¿quién era? Pero mi pensar fue interrumpido por ya no tres golpes ni medio apresurados, fueron seis y fuertes como gritando. Me levante sin intentar meditar más sobre quién era, abrí con la rapidez que los golpes apremian.

Cata  me van a matar-

Gritó Juana asustada, le dije que se calmara que todo saldría bien, aunque todos sabemos que no siempre era así, era como de esas frases utópicas que todo el mundo necesita escuchar, como el acetaminofén que da el gobierno y que todos sabemos que no sirve para nada  pero que todos tomamos y creemos imaginariamente sanar.

La abrase era una hermosas joven  que empuñaba fuertemente un papel arrugado con letra casi ininteligible pero que se negaba a borrar y desdibujaba perfectamente un “te vas a morir” 

La abrase fuertemente, intentando secar mis lágrimas con su cabello enmarañado, olía a juventud, a perfume de rosas, a dolor, a miedo. La separé abruptamente de mí y rápidamente le dije

Trate de disimular ese nudo que se entrelaza en la garganta, dolía tanto.

Súbete y acuéstate- le dije entrecortadamente y comencé a poner tendidos y bultos sobre su hermoso cuerpo blanco, que dibujaba bellas  líneas femeninas, y que tantas noches recorrí con cada uno de mis besos. Tape por último su rostro, bello, sonrosado y angelical , sus ojos negros como la noche se perdían en la oscuridad del carro, la mire y deposite un beso en sus labios, como si me despidiera de ella en el féretro, pero no, ella no, ella aún tenía una última o quizás cientos de oportunidades, la tape y me subí  a ese cacharro que tantas veces nos acompañó a fiestas  y emprendí calle abajo como llevando el más grande dote de oro, a lo lejos con la poca luz que comenzaba a salir del alba vislumbré un carro, eran ellos o otros, me pidieron parar.

-                Para dónde vas-

-                Voy al pueblo a comprar medicina-

-Bajate-  gritaron

Temblaba, temía.

Me  inspeccionaron de pies a cabeza, intenté tapar mis piernas con mi vestido, mientras el viento lo forzaba a levantarse. Yo comencé a sudar frio, sentía sus miradas morbosas sobre mi entrepierna, sobre mis senos. Sentía como su palpitar retumbaba en la lata carcomida y vieja, trate de ahogarlos con mi respiración, con mis chistes impertinentes y temerosos, por fin se marcharon con una mirada incrédula y vigilante, tocando su miembro viril, en señal de deseo, de poder.

El tiempo parecía más lento de lo normal, a pesar del afán, quería que el tiempo se detuviese, pero pareciese que se alargaba entre más conducía. Me perdía en mi pensamiento, tenía la vida de la mujer que amaba  debajo de mis pies, porqué tenía que partir, porqué a ella y a mi no me buscaban, si yo era su pareja,  porqués y porqués, miedos, temores, frustraciones e iras.

¡mierda! Grite con los ojos llenos de llanto y dolor.

¡mierda! ¡mierda! Intentaba golpear el rio con el remo.

Por fin me detuve en una carretera lejana y segura, levante los bultos, quite una por una las sabanas. Le di la mano, sin dejar de ver esos ojos rojos y cansados de llorar, cuantas veces no se habrá  ahogado en su llanto, qué sentiría, quería saber su sentir, además de miedo y dolor, nos miramos y las dos nos leímos el alma, cargada de complicidad, un gracias se leía en su mirar. Un te amo retumbo en el aire.

Me abrazó tan fuerte, la abrace tan afanosamente pero tan intenso que sentimos el crujir de nuestros pechos, de nuestros senos, de nuestros corazones, esas partes que nos rompe la guerra se pueden juntar y sanar, pensé, pero dolía tanto el momento, que sin pensarlo, sin sentirlo le dije  tienes que irte, mi amor

Estiró lentamente su pie, luego el otro, sentí que tomó su tiempo al bajarse, luego soltó mi mano tan lentamente, apretando suavemente mis dedos mientras me pedía me cuidara, era como si no quisiera irse, pero jummm quién quiere irse de su hogar, de su tierra. Maldita guerraaaaa , grite mientras me ahogaba en sollozos ella me apretó nuevamente la mano en señal de silencio pueden matarte,  la solté casi forzándola a irse,  éramos dos mujeres que sólo pecaron al amarse ,me miró, sequé sus lágrimas lentamente, me besó, la besé, nos besamos, quise hacerle el amor por última vez, quise evitar que se borrara su perfume de mi piel, ella se marchó y yo quedé con su dolor en mi dedo índice, mientras el eco seguía resonando te amo, te amo, te amo …

Lina Palacio

Lina María Palacio

La vida es una encrucijada, una telaraña donde cada hilo es un camino que tomar, resistente y fuerte, podemos sostenernos de cada hebra y devolvernos y volver a comenzar.

Un 7 de febrero a las 8 pm, nací en el hospital San Vicente de Paul, de la ciudad de Medellín, criada por una madre soltera exiliada de su ciudad de origen desde los 5 años, aprendió a sobrevivir sola en una ciudad que no compartía la mayor parte de su cultura, pero que nunca olvido y eso nos transmitió.

Soy una mujer orgullosamente negra, vivió, sufrió y se fortaleció con el racismo, amante de los libros y de las mujeres creativas, pensantes y autónomas.

Conocí la guerra desde que nací, crecí jugando en los intermedios de las balas y aprendí a amar la literatura como refugio de una desolación infantil, disfruté de una infancia y adolescencia tardía, pero poco a poco he ido perdiendo la fe en la humanidad, pero con muchas ganas de recuperarla.

Según los cánones de belleza, era una niña fea con mis dientes   alineados pero intervenidos por la famosa ventanita chocoana, nariz ñata, ojos chiquitos y risueños, cabello enmarañado y salvaje.

Conozco a mi primer amor en la época colegial y fui separada abruptamente por la homofobia irracional. Ahora considero que en ese momento no tenía idea de lo que era el amor, pero dejo un vacío enorme. Que poco a poco fue llenándose con la mujer de mi vida. Madre soltera, de hijos anhelados por unos precoces deseos maternales.

Ingrese a la universidad de Antioquia, para desarrollar mi amor por la enseñanza y las letras, siendo la época dura y anhelada de mi vida. Estudiando por otros para poder tener dinero para mi hogar. A la universidad le debo el reencuentro con mi hermana mayor, mi heroína y modelo a seguir.

Tengo a mi pareja, a mi familia homoparental  que son el motor de mi vida, Víctima de la violencia, la desigualdad y la homofobia,  las AUC golpearon mi alma, mi feminidad y mi ser, pero ahora comprendo que soy, y seguiré siendo, me niego a dejar de ser, y renazco para ser quién realmente soy: mujer, negra, madre, lesbiana, docente, política, defensora de derechos humanos  y complementándome con ser escritora.

La memoria de mi madre

Samantha

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El ocaso del arcoíris

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