Mi hermano y yo

Aún, éramos  adolescentes. Cuando hubo que huir, recuerdo hoy la finca calderas arriba entre San Carlos y Granada, el viajó hacia Saravena en Arauca, y al poco tiempo, yo me encontraba en Cartagena. Un día unos paisanos que regresaban de visitar mi pueblo (Granada) traían una misteriosa noticia, que poco comprendía una chiquilla de mi época.

Cada que tuve oportunidad, me refugie en las playas de boca grande, sus olas parecían tener respuestas al misterio, que para mí era la  desaparición forzada de mi hermano ligeramente mayor que yo, con quien, de niña había aprendido a escribir mis primeras letras, mi nombre, y algunas frases más. Confieso ahora, que esta iniciativa, resulto muy audaz, porque al entrar a cursar primero de primaria con la profe Irene, en la escuela de niñas de Granada, la profe, que no parecía tener formación en pedagogía por su estilo de enseñar, casi  siempre enojado, y regañón,  producía miedo, y ansiedad entre las niñas y en repetidas ocasiones, grandes chorros de orina corrían las piernas de mis compañeras de primero.

Pero ese no era mi caso, lo que había aprendido yo al lado de Oscar mi hermano, me daba algo de ventaja y mucha tranquilidad.

Esta  tranquilidad que de niña me dieron las letras, nuevamente en la adolescencia, la volví a experimentar, cuando, en las playas de boca grande, soñaba una y otra vez, que me encontraba con mi hermano, y escribíamos sobre el inmenso mar.  Donde estuvo, cuando estaba  desaparecido, por desgracia,  dicho sueño nunca se cumplió, por lo que debí acudir otra vez a escribir.

Escribí muchas cartas al estado y a las organizaciones de derechos humanos, solicitando investigaran la desaparición de mi hermano, y, una especie de regocijo calmaba mi ansiedad y las letras se convertían en canal para volver más liviana y llevadera, una larga tortuosa búsqueda.

Después, de muchas cartas  me contestaron de la procuraduría, que habían dado instrucciones a la Fiscalía para que investigara si el caso de mi hermano era una desaparición forzada.

Pasaron mucho años y yo continuaba escribiendo cartas, en mi afán de entender por qué en mi país se desaparecen los seres humanos.

Sentarme ahora, junto a mis compañeras de AVE FENIX que como yo han vivido algún hecho victimizante, a escribir y compartir, nos ha movido a la solidaridad, a la comprensión del otro, convirtiéndose esta experiencia en un ritual para la sanación, así como una invitación a otros a hacerlo, desde la creatividad.

Blanca Giraldo

Autora: Blanca Ligia Giraldo, Blancali

Soy una mujer de 51 años, madre de un joven, enemorada de las artes. Consciente que el temor hay que cambiarlo ya por el amor... para encontrar el verdadero ser, que soy, a través del juego, de estar viva.

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